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Sacramento de la confirmación: la fuerza del Espiritu Santo

Parroquia San Nicolas a Amsterdam

Nieuws - gepubliceerd: zondag, 8 november 2020 - 934 woorden

El domingo 8 de noviembre estuve en la basílica de San Nicolás en Am­ster­dam para administrar la santa confirmación a tres candidatos adultos. Oramos para que con la fuerza del Espíritu Santo den testimonio de la fe católica que han encontrado como un tesoro para sus vidas.

Me gustaría agradecer al párroco, Giancarlo Rizzo, y a los catequistas que prepararon a los candidatos.

Homilia

Queridos hermanos,

Testimonio del evangelio

Es una alegría para mí estar hoy con ustedes para administrarles el sacra­mento de la Santa Confirmación, el sacra­mento del Espíritu Santo que se les da hoy para que el resto de su vida puedan ser buenos cristianos, para actuar con sabiduría, para dar testimonio del evangelio, para participar y construir un mundo mejor.

Ese virus

¡Qué época tan extraña vivimos! El Corona­vi­rus se ha apoderado del mundo entero. No se puede ver, pero está ahí y la gente es infectada por él en todas partes. Ese virus terrible propaga enfermedades y muertes por todo el mundo. Es un virus desagradable.

Un virus bueno

Pero también hay buenos ‘virus’. El ‘virus’ más hermoso y mejor con el que puedes infectarte es el poder del Espíritu Santo. Ese poder del Espíritu te hace difundir bondad y verdad, amor, fe y esperanza por todas partes. Sí, ese es tu trabajo: que trates de contagiar al mundo entero, a todos los que encuentres con tu amor a Dios y tu amor al prójimo. ¡Oh, qué hermoso sería si ese buen ‘virus’ del Espíritu Santo se apoderara de tu vida y del mundo entero!

Muéstrame...!

Porque suce­den cosas maravillosas cuando la gente escucha la voz del Espíritu Santo. ¿Cómo puedes oír esa voz? En tu corazón, a menudo, sientes lo que es correcto hacer y de vez en cuando tienes una buena inspiración. Y si no estás seguro del camino que Dios quiere mostrarte, ábrele tu corazón a Dios y pregúntale: “Muéstrame el buen camino, Señor, enséñame qué tengo que hacer. Ven, Espíritu Santo”.

Escuchar la voz del Espiritu

Hay tantas personas en la historia de la Iglesia Católica que han escuchado la voz del Espíritu Santo y han hecho cosas maravillosas.
Este fin de semana, por ejemplo, conmemoramos a San Wil­li­brord. Todavía era muy joven cuando entró en el monasterio y allí recibió la inspiración de llevar a doce hermanos con él e ir a los Países Bajos a proclamar la fe.
Puede que hayas oído hablar de la Madre Teresa. Era una hermana religiosa en la India y enseñaba en una escuela con muchos niños ricos. Pero luego vio a mucha gente pobre en la calle, y un día se cruzó con un anciano que se estaba muriendo en la calle. Entonces sintió clara­mente en su corazón que tenía que hacer algo por estas personas. Muchas mujeres se han unido a ella para ayudarla en esta misión como religiosas. También en Am­ster­dam tienes a las hermanas de la Madre Teresa, las Misioneras de la Caridad.

Pero no es necesario que seas una religiosa o un monje. Todos recibimos buenas inspiraciones cuando nuestros cora­zones están abiertos y le pedimos al Espíritu Santo que nos ayude, nos sostenga y nos dé sabiduría.

Sabiduría

En las lecturas de hoy hemos escuchado palabras sobre la sabiduría. La sabiduría es uno de los dones del Espíritu Santo. Se necesita sabiduría para poder tomar buenas decisiones, hacer las cosas bien y para ir por un camino derecho. Quien busca de ser sabio y sensato, siempre estará preparado para encontrarse con Jesús.

La virgines del evangelio

Esas vírgenes del evangelio tuvieron que esperar al novio con una lámpara encendida. Pero algunas de ellas no habían pensado en traer aceite para que esas lámparas pudieran arder, y si las otras les hubieran dado la mitad de su aceite, sus lámparas podrían haberse apagado y todos habrían estado a oscuras. Tienes que asegurarte de que tu lámpara permanezca encendida y que tengas suficiente aceite.

Alimentar tu alma

Lo que Jesús quiere transmitirnos con esta parábola es esto: sé una luz que brille en este mundo, haz este mundo un poco más hermoso y mejor. Para ello, debes ali­mentar tu alma con la Palabra de Dios y con los sacra­mentos, con los sabios consejos que puedas recibir de los demás y con las buenas inspiraciones del Espíritu Santo. Ese es el aceite que man­tiene encendida tu lámpara, para que puedas difundir la luz en el mundo.

Oro sincera­mente, queridos confirmandos, que el Espíritu Santo siempre os ayude y os guíe y que siempre podáis comprender sus consejos e inspiraciones. ¡Ven, Espíritu Santo!

Terug